Por: Juan Carlos Villalta

Vamos callando

No fue una muerte sorpresiva, ya que desde hace algunos años arrastraba una dolencia cardíaca que lo mantuvo hospitalizado en los últimos días. A los 79 años, falleció no sólo un jugador y entrenador destacado, sino que también un buen amigo.

Si algo caracterizaba a Manuel Rodríguez Araneda era su sencillez y su lealtad, reflejada en su compromiso con una sola camiseta como jugador: la roja de Unión Española.

Miento. Hubo otra roja en su vida. La de la selección nacional, que vistió el año 1962 para lograr el tercer lugar del Mundial.

Una marca comercial retrató muy bien su simpleza y calidez en un recordado spot con Iván Zamorano. No le costó mucho a Manuel Rodríguez mostrar su cara bondadosa.

Tal como la tonada de Manuel Rodríguez (el homenaje de Pablo Neruda y Vicente Bianchi al héroe independentista nacional) como entrenador, a Manolo Rodríguez Araneda, a quien también llamaron "Guerrillero", lo vieron saliendo por Coquimbo, corriendo por Magallanes, cruzando por Cobresal y amaneciendo en Unión Española como el viento sobre la nieve.

Fue en Cobresal donde obtuvo su mayor logro como entrenador, como campeón de la Segunda División y de la Copa Chile. Y donde acuñó una frase que se hizo famosa y que reflejaba la poca importancia que en ese tiempo se otorgaba a esta competencia: "Recibí una Copa de palo", diría.

Me tocó conocerlo. De cerca. Ambos como jugadores amateurs: él por "Atalanta" y yo por "La Cañada", en la Liga La Reina. Jamás mostró aires de grandeza, se consideró siempre como un jugador más, sin hacer valer jerarquía o superioridad.

Cuando ejercí como reportero de cancha me tocó entrevistarlo en numerosas oportunidades y entre los dos se logró establecer no solo una buena relación, sino que además extender la charla futbolera al lado de un buen café.

Tuve oportunidad de verlo caminar en el ultimo tiempo por la avenida Apoquindo, a paso lento y encorvado, muchas veces acompañado de algun familiar, amigo o de su fiel hijo y amigo. Se notaba su cansancio y su padecimiento. Su cuerpo pedía el descanso eterno.

Adiós, amigo guerrillero.

Y le pido versos nuevamente a Neruda:
La tierra está llorando.
Vamos callando.

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