Por: Roberto López

Las cosas como son

Definamos algo de entrada: el equipo de Rueda –hasta ahora-, no es atractivo. Ni cerca de lo que fueron Sampaoli y Bielsa en su minuto.

Tampoco tiene por qué parecerse. Rueda es otra cosa y eso se sabe de antemano, pero cabe la comparación en un país en el que, aparentemente, de un tiempo a esta parte sólo vale jugar de una manera.

Otra definición. ¿Es culpa de Rueda? No. Definitivamente, no.

Al colombiano le toca hacer una pega que debieron hacer otros y está pagando el costo. Mucho menos alto de lo que podría ser. Aún con las condiciones actuales, la Selección ha realizado presentaciones bastante dignas bajo el alero de su nuevo DT.

Hay buenos pasajes de fútbol -no tantos, pero hay-, y un par de figuras rescatables -Arias el que más-. No mucho más para atesorar. Por ahora.

Es que este grupo de jugadores ya debería tener rodaje con La Roja. Deberían estar probados. Hace rato deberíamos tener claro si sirven o si no sirven para la alta competencia. Pero no lo sabemos.

Lo dijo Igor Lichnovski: "Ya no somos tan jóvenes". Es verdad. El recambio que estamos presenciando con Roco, Maripán, Paulo Díaz, Pulgar; etc, se hace con tipos que no tienen ni 17, ni 18, ni 19, ni 20. Ya deberíamos tener claro cuánto calzan. No lo sabemos. Porque no los probaron a tiempo.

Algo insinuó Pizzi -vaya que la pagó en algunas ocasiones-, pero el encargado era Sampaoli. Casi cinco años al frente de Chile y no tuvo tiempo. ¿En serio no tuvo tiempo?

Es que íbamos a ser cabeza de serie en Rusia 2018. Íbamos. Porque no fuimos al Mundial y Sampaoli se sintió prisionero y decidió marcharse.

Las cosas como son. Nos dejó tirados a mitad de camino cuando se dio cuenta que la situación se le había escapado de las manos. Ese mismo camarín que el mismo contribuyó a empoderar con decisiones inexplicables. Como la no sanción a Vidal en la Copa América 2015.

Todo era urgente. Había que ganar hasta los partidos de solteros contra casados, entonces no probamos a los que había que probar. A veces los citó, pero a la hora de la verdad ni los consideraba. El casildense contó con el respaldo de la administración de turno para hacer casi lo que quiso. Los resultados lo justificaban todo. Todo.

Diferimos el proceso natural del llamado recambio y hoy la estamos pagando. Lo paga Rueda para ser más honestos. Las cosas como son.

Estamos atrasados. Sin duda que estamos atrasados. De suerte nos apareció Arias para el arco de Chile. De lo contrario, que Dios nos pille confesados de cara a la Copa América 2019 si Bravo no logra recuperarse o si Rueda no se arregla con el portero del City. Ninguno de los otros está a la altura. No lo están.

A Chile le falta gol. Rueda ha probado once delanteros y sólo uno marcó. No me atrevería a decir que les falta nivel porque algunos de ellos sí lo demuestran en sus clubes, pero falta rodaje a nivel de selecciones. Es evidente.

La generación de Turquía debería estar más que probada y no lo está. Es cierto que más de uno de ellos tomó decisiones erradas en su carrera que retrasaron o estancaron su maduración, pero no es lo único que los tiene todavía en proceso de adaptación al equipo de todos.

A Reinaldo Rueda lo trajeron con varias misiones y quizás sea el recambio, el bendito recambio, la más difícil de todas y aquella que más conspira contra la forma de juego que tanto nos importa. Esa que se puede lograr cuando nos aprendemos una formación de memoria. Aún no es posible, porque aún no sabemos quiénes son los intérpretes idóneos. Y no es culpa de Rueda. No lo es.

Si llegaremos o no a Qatar 2022 todavía es difícil precisarlo. Pero seamos buenos. El tipo está haciendo una pega que no le correspondía. Al menos démosle el beneficio de la duda. Tan mal no lo ha hecho. Tengo la sensación.

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