Por: Juan Carlos Villlalta

Ética o hipocresía

Incursionar en los aspectos éticos, sobre todo cuando se refiere a comportamientos deseados de un tercero, suele ser un ejercicio riesgoso y esencialmente opinable. Por esencia, la ética es subjetiva y lo que suele ser bueno para uno puede no serlo tanto para otros. Valga esta breve introducción para referirme, en un doble aspecto, al caso de Julen Lopetegui.

El primero es preguntarse si fue ético, por parte del entrenador de la selección española, el haber firmado por Real Madrid teniendo contrato vigente pero, obviamente, para asumir finalizada su participación en el mundial. Si se responde con datos meramente estadísticos, esto es, con la frecuencia con que este tipo de actos suele suceder (y no sólo en el ámbito
deportivo) uno no debiera escandalizarse ni menos sorprenderse. Dicho derechamente: ocurrió, ocurre, ocurrirá y difícilmente podrá evitarse.

En rigor, en cargos de tanta confianza y precarios -como es la función de un entrenador de fútbol- es fácil entender que durante la vigencia de la relación entre las partes, avancen conversaciones con terceros y que perfectamente puedan contratar a futuro para hacerlo efectivo a partir de un plazo o condición determinada. En este caso, Lopetegui firmó contrato con Real Madrid sujeto a un plazo. De más está decir que el sentido común indica que los efectos económicos derivados de esta acción serían o serán satisfechos a través de las respectivas cláusulas contractuales indemnizatorias, no siendo este aspecto entonces relevante para los efectos de este análisis.

Hasta aquí, no me asoma aún ningún juicio de reproche mayor, advirtiendo que las cosas siempre se pueden hacer mejor. ¿Cuándo asoman los críticos? Cuando este hecho se hace público suponiendo que la actuación de Lopetegui iba a favorecer a los jugadores de su nuevo club. En la interpretación más extrema, por ejemplo, el suponer que jugando España contra Portugal iba a proteger a Cristiano Ronaldo. Un absurdo.

Al ser presentado por Real Madrid, el nuevo entrenador salió al paso de estas críticas
manifestando que hacer pública la contratación le daba más transparencia a esta relación. Y en verdad, siendo esta relación contractual -en mi entender- no merecedora de reproches mayores mientras se mantuvo en reserva, no la transforma en reprochable por el hecho de
hacerse pública.

Lo segundo es que el Presidente de la Real Federación Española lo desafectó, para mí, de

manera precipitada y derivado de otras motivaciones, esto es, por la presión ejercida por una parte de la dirigencia que nunca ha estimado al poderoso Real Madrid.

 

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