Por: Juan Carlos Villalta

Fouillioux

No es fácil traspasar con exactitud la real condición y dimensión de ídolo de alguien que nos deja. En este caso, de Alberto Fouillioux. El paso del tiempo va poniendo inexorablemente un manto de olvido sobre sus hazañas y la cotidianeidad y la prisa de nuestras vidas deja reducido espacio para recuerdos y emociones.

Es posible que el aficionado del fútbol marque diferencias y retenga en su memoria, con mayor fuerza, hechos, actuaciones y alegrías que le fueron proporcionadas por el ídolo que desaparece. Tan cierto es que ya en su despedida como jugador de fútbol son muchos los que se atreven a organizar un partido, sabedores que sus fanáticos le responderán repletando estadios. Dificulto que otros ídolos o grandes personajes ajenos al fútbol puedan intentarlo.

Por mucho tiempo Alberto permaneció cercano al aficionado y a nosotros. Primero como jugador y entrenador y luego por su desempeño exitoso en el otrora Canal 13. Esa cercanía y conocimiento evita extenderse en sus capacidades deportivas y profesionales. Como diría su compañero de andanzas Néstor Isella, fue un crack en toda su dimensión, dotado con las virtudes y defectos que todos tenemos. Ser ídolo no debe ir de la mano necesariamente con la idealización.

Recojo parte de las emocionantes palabras expresadas en la iglesia por Gonzalo, el menor de sus hijos y que comienza una carrera de periodista deportivo al igual que su padre: "Vivió como se vive un partido de fútbol, con pasión, al limite, con infracciones, hizo goles y autogoles, cometió errores, le mostraron tarjetas amarillas y rojas".

Qué razón tiene Gonzalo. Reflejó en forma certera lo que fue la vida de su padre.

Fue una muerte esperada pero en cierto modo sorpresiva . Pudo vivir más tiempo. Pero era prolongar un sufrimiento y y deterioro mayor en su agotado cuerpo.

Algunos no le perdonaron sus errores. Hubo quienes le tendieron la mano y otros fueron muy severos e inquisidores, curiosamente aquellos a quienes más alegría proporcionó. Algunos de sus cercanos se alejaron, sus amigos se distanciaron y sólo Angela, su mujer, y sus hijos no lo abandonaron.

Se puede ser ídolo para muchos y por mucho tiempo, pero será siempre la familia la que nunca lo abandonará.

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