Por: Roberto López

El junco sigue en pie

Mario Salas lo hizo de nuevo. Se coronó bicampeón, esta vez en Perú. Tal como le pasó en Universidad Católica, el entrenador nacional llegó para reconstruir.

Sporting Cristal venía de un año para el olvido y en el que el gran dominador de la liga incaica era otro: Alianza Lima.

Salas acababa de salir de la UC como no mereció. El club hizo uso de una cláusula por bajo rendimiento y el viñamarino debió partir. No lo deseaba. Estaba convencido que lo suyo con la escuadra franjeada era sólo un traspié en su carrera. Uno que podía revertir. No lo dejaron.

Pero como el mismo entrenador se cansó de decir en su paso por San Carlos, cada caída en la vida representa una oportunidad de mejora. Dicho y hecho.

Se fue dolido. Obviamente. Pero Salas estaba convencido que daría vuelta su situación. Como el mismo parafraseó en una de sus últimas conferencias con los universitarios: "soy como el junco, me doblo, pero siempre sigo en pie".

Partió a Perú. A una liga que ciertamente alguien podría calificar como de tono menor, aunque no mucho más que la chilena en el concierto sudamericano. Quizás acá haya mejor infraestructura y mejores planteles, pero a la hora de competir internacionalmente la deuda es muy similar.

La receta no fue muy distinta a la que usó en Católica. A los buenos jugadores con que contaba Sporting Cristal -Lobatón, Cazulo y Costa, por nombrar algunos-, le sumó un par de viejos anhelos del extécnico de Barnechea.

Se llevó a Emanuel Herrera y a Omar Merlo. Con ellos afirmó el ataque y la defensa respectivamente. Curiosamente eran dos elementos que siempre quiso en la UC, pero que, por distintas circunstancias, nunca pudo tener bajo sus órdenes.

La propuesta tampoco varió mucho. El fútbol de ataque y de presión alta es algo intransable para Salas. De local o de visita. En la altura o en el llano. Su propuesta encandiló de entrada y, a diferencia de lo que le pasó en Católica, salió campeón de inmediato.

Ganó el Torneo de verano y pocos meses después se quedó con el Apertura. La tabla anual la lidera por casi veinte puntos y a falta de un torneo para que acabe la temporada, ya se aseguró el paso a la fase de grupos de la Copa Libertadores 2019. No ha sido sencillo. El fútbol de aquel país tiene sus precariedades y lo ha hecho saber en reiteradas oportunidades.

Su gran figura, Emanuel Herrera, se le encabritó y, como es su estilo, no le tembló la mano. El artillero fue borrado del equipo, pero luego sería perdonado. Herrera le respondió con lo que sabe: goles. Casi treinta en lo que va del año.

Siendo francos, no es mucho más a lo que puede aspirar el exestratega franjeado en aquella liga. Quizás podrá ir por un tricampeonato y aspirar a realizar una buena Copa Libertadores. Ojalá avanzar un par de rondas y ya está. Cumplido esos objetivos será la hora de dar un paso más en su trayectoria.

Descontando a Manuel Pellegrini, el mejor técnico chileno del momento se abre un espacio en el concierto sudamericano. Mario Salas siempre soñó con internacionalizar su carrera y si bien quizás sea tarde para mercados como el europeo, perfectamente puede aspirar a crecer a ligas más competitivas como Colombia. Un torneo que, además, cuenta con equipos capaces dar batalla en el concierto sudamericano. México también podría ser un destino posible. ¿Por qué no?

A nadie le puede ir bien siempre y cuando te va mal es el momento para aprender de tus errores, reinventarte y seguir adelante. Salas lo pudo hacer.

El junco –como el mismo se calificó-, se dobló, pero se enderezó más alto y fuerte que nunca. El Comandante tuvo su revancha y va por más. Siempre más.

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