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Viernes 20 de febrero de 2015

Lasarte, el referente

El propio técnico detectó que su lesión lo pone en una dicotomía: guarda reposo y se despega temporalmente de su trabajo o se mantiene encima pero con riesgo de que su dolencia recrudezca. Y al optar por la primera, el plantel azul pierde una de las grandes virtudes del uruguayo: su manejo de grupo.

Qué curioso: la columna de la columna. No me las quiero dar de traumatólogo: el análisis de la hernia discal que sufre Martín Lasarte está hecho hace rato. Tampoco me las quiero dar de psicólogo, aunque sí me guiaré con lo que se han referido sobre el particular. Menos me las quiero dar de inquisidor, más aún cuando la semana antepasada opiné en favor de la continuidad de los técnicos. Pero es ineludible advertir que la cosa no es normal en Universidad de Chile hoy. Para nada.

El propio Lasarte detectó en la conferencia de este viernes que su lesión lo pone en una dicotomía: guarda reposo y se despega temporalmente de su trabajo o se mantiene encima pero con riesgo de que su dolencia recrudezca. Y al optar por la primera, el plantel azul pierde una de las grandes virtudes del técnico uruguayo: su manejo de grupo.

No digo con esto que en la U se agarren a coscachos y que anden todos confundidos: por algo Lasarte tiene a Rodolfo Neme como su asistente y en él confía. Pero es normal en cualquier trabajo: si quien comanda se toma licencia médica, aunque sea por un día los hombres que tiene a su cargo lo extrañarán. En la medida que haga bien su labor, por cierto. Y eso pasa con “Machete”: es la referencia de un plantel. Es un espejo al que miran en lo táctico, en lo técnico, en lo anímico, en lo organizacional.

Hay detalles que sólo los entrenadores con gran capacidad poseen para advertir en sus dirigidos. Y quizás sean esos detalles los que mermen la posibilidad de mejora en la U: pequeños instantes en los que Lasarte podría detectar alguna falla en el vaivén que caracterizaba a Gonzalo Espinoza, en que no siempre podrá abrir la cancha como le pasó con Emelec, en que defensas ordenadas como las de los ecuatorianos ganarán todo balonazo largo, en que bien debe revisar el complemento que otorga Gustavo Canales si retrocede algunos metros y no terminar estorbándose con Leandro Benegas, entre otros ausntos.

Tal vez el estratega charrúa capte todo eso. Pero él mismo reconoció este viernes: le cuesta hasta para pararse de un asiento. Y eso, a la larga, termina cansando psicológicamente. Sobre todo en un tipo caracterizado por su enérgica forma de ver los partidos, en lo pendiente que está siempre en los entrenamientos y en la voz golpeada que utiliza cuando debe corregir fallas al interior del plantel.

Durante la semana, se rumoreó que la directiva azul estaba preocupada por si Lasarte acababa claudicando en su lucha y terminaba renunciando. Claro: actos de nobleza así ya se han registrado en “Machete”. ¿O acaso no se acuerdan su dimisión en la UC sólo por el hecho de no salir campeón, pese al campañón que hizo durante la temporada y que sus propios jugadores le reconocían? En la cabeza de un tipo como el técnico universitario, se debe estar encima de todo. Fue lo que le resultó para coronarse en el último Scotiabank Apertura. Y hoy, por motivos extrafutbolísticos, no puede.

Para bien de los azules, que se recupere pronto: si lo hace, también lo hará el equipo. Pero que se recupere por completo, no a medias. Le tendrán que tener paciencia.

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