Por: Juan Carlos Villalta

NECESITAMOS UN TÉCNICO, NO UN CANCERBERO

Como suele suceder frente a una eliminación tan dolorosa e inexplicable de una selección nacional, las críticas a dirigentes, jugadores y cuerpos técnicos arrecian con fuerza. Ello sería hasta explicable si proviniera de aquellos que siempre mantuvieron distancia con el proyecto que iniciaba Juan Antonio Pizzi. Pero resulta paradojal, o más bien curioso, que este coro rabioso provenga de críticos que en los momentos de éxito, soslayaran o no se percataran en sus comentarios de evidencias claras que lenta, pero inexorablemente, la selección decreciera su nivel futbolístico alejándose de aquel fútbol que con gran éxito impusieran Bielsa y, en buena medida, Sampaoli.

Cuando fue designado Pizzi advertí públicamente que ello iba acontecer. Sabía cómo trabajaba, cómo jugaban sus equipos, cómo defiende y cómo ataca. Y ello en la mera observación de su paso por la UC, a pesar que salió campeón, más otros antecedentes que me aportaban su paso por el Valencia, San Lorenzo, León, entre otros. Eso me permitió presagiar que la decisión no era la adecuada, en la medida que tácticamente se distanciaba del ADN táctico impuesto por sus antecesores.

Sólo entendí su nombramiento por las condiciones personales de Pizzi y, en esa consideración, no era una mala medida para hacer un giro y diferenciarse así respecto de conductas erráticas, confusas y, por momento, alejadas del comportamiento ético aconsejable que en sus últimos días manifestó Sampaoli.

Por eso que la eliminación de Chile no me sorprendió y concuerdo absolutamente con Pizzi en sus declaraciones tras el partido con Brasil y ya consumada la eliminación de Chile al Mundial. "Yo soy el responsable, yo elegí a los jugadores, determiné las formas de juego y la planificación de cada uno de los partidos".

Y es así. Para qué buscar entonces las cinco patas al gato, para qué ahora mostrar sorpresa por los actos de indisciplina, por el relajamiento del grupo, por las libertades otorgadas y por la falta de entrenamientos más potentes y sostenidos.

¿No se sabía y se sabe acaso que Arturo Vidal es un reincidente en materias alcohólicas? ¿Es sorpresa enterarse ahora de las chiquilladas y pataletas de Alexis Sánchez? Todo esto se sabía y todos los entrenadores, cual más o cual menos, lo experimentaron en carne propia. Es decir, nuestro fútbol, convive con estas conductas y faltas de profesionalismo.

Por eso, todo esto que ahora asoma como revelaciones inéditas y como justificadoras de la eliminación de Chile al Mundial simplemente no apuntan al foco principal y son distractoras en el análisis.

Si Chile quedó eliminado no fue por estas razones, aun asumiendo que ellas afectan la necesaria convivencia grupal e inciden en consecuencia en rendimientos individuales y colectivos.

Lo fue porque sencillamente perdió la magia de su juego, su capacidad de encantar, su forma de atacar, presionar, profundizar, con abstracción de rivales, escenarios y jerarquías de oponentes. Lo demás es chaya, es decir, papel picado.

Por eso me temo que por traer un cancerbero que contenga excesos conductuales, nos olvidemos de elegir un técnico que sepa interpretar y retomar los aspectos tácticos perdidos o extraviados.

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