Por: Roberto López

El gran desafío

Tiene razón Luis Marcoleta. Existen jugadores para Primera y jugadores para el ascenso. Pero también pasa con los técnicos.

Curicó está de vuelta en Primera División de manera merecida e incuestionable. Numéricamente brillante.

Faltan jornadas para que acabe la temporada, pero la tarea ya está hecha. Aquella única derrota en casa frente a Coquimbo Unido no alcanza ni para la anécdota.

Los torteros sostuvieron un plantel que fracasó por muy poco el torneo pasado y que ahora se impuso de comienzo a fin. En el estilo de Marcoleta, por supuesto: sin grandes lucimientos, la efectividad suficiente y donde el conjunto nunca estuvo por debajo de las individualidades. Sin jugadores descollantes. Un plantel armado para subir. Punto.

En eso el adiestrador curicano se luce. De aquello pueden dar fe San Marcos, Ñublense y el propio Curicó Unido, con los que el estratega supo conquistar el ascenso.

Ahora le falta saldar una deuda.

Hace un par de temporadas intentó dar un salto haciéndose cargo de Everton. Un club con más recursos y una caja de resonancia mucho mayor. Armó un equipo para arrasar en Primera B. No pasó. Ni brilló en cancha, ni obtuvo resultados. Marcoleta fue despedido a mitad de camino.

Sus estadías en Primera no han sido duraderas. Asume que le faltó experiencia en Curicó, asegura que en Ñublense vio falta de compromiso y que en San Marcos el torneo corto les pasó la cuenta para poder hacer el recambio que necesitaban. Explicaciones atendibles. Pero los resultados mandan.

Para Curicó Unido, pero en especial para Luis Marcoleta, llegó la hora de demostrar que están a la altura del desafío que les impone el logro alcanzado.

Ser un equipo y un deté de Primera. Ni más ni menos.

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