Jueves 29 de marzo de 2018
Por: Juan Carlos Villalta

El estilo Rueda

Dos partidos para un DT que recién comienza su trabajo -en una selección llena de contradicciones futbolísticas, de problemas conductuales, algunos de arrastre y otros de última hora- no proporcionan demasiados elementos como para hacer un balance y menos, si se intenta ese ejercicio, proyectarlo en el tiempo.

Sólo se pueden rescatar ciertas señales, algunas positivas y otras que profundizan incertidumbres, y que pueden desviar rumbos o provocar más desconcierto.

En lo positivo o, si lo prefiere, la mitad más llena del vaso, están ciertamente una renovación de jugadores y los resultados.

Es cierto: Suecia y Dinamarca no están en la primera línea de las grandes selecciones europeas, si bien ambas están clasificadas al Mundial. Con ninguna de las dos se fue rotundamente inferior. Con Suecia, en el primer tiempo, vimos un equipo íntegro, emocionalmente disciplinado, físicamente fuerte y ejerciendo una presión destacable y, con ello, dominando a su rival e impidiéndole desarrollar su juego.

Decayó en la segunda etapa pero no desentonó, ni colectiva ni tácticamente, y el gol final que le da la victoria provocó una sensación de agrado, justicia y por cierto estimulante. Pero me quedó la impresión de que hay muchos aspectos aún por solucionar.

Pues bien: ya en el segundo partido frente a Dinamarca esas impresiones afloraron con mayor nitidez.

Por ejemplo, comenzó a asomar la reiteración como fórmula prioritaria de juego, de buscar la posesión por sobre la intensidad y verticalidad, caracterizando a un equipo más preocupado de defenderse que de atacar. Se reflejó en la orfandad de un Castillo en la lejanía de volantes en área contraria, en el empecinamiento individual como vía de producción ofensiva, y todo ello en un entorno predecible, carente de sorpresas.

En el análisis postpartido se apeló a destacar las bondades defensivas y el acierto que significaba (no comprobado fehacientemente) disponer dos volantes de corte (con matices y ambigüedades) por delante de dos centrales de altura y acompañados por laterales sin mucho recorrido.

Es el estilo Rueda, con sus virtudes y defectos. A ello tendrán que acostumbrarse jugadores nuevos y consagrados, los aficionados y, ciertamente, este columnista.

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