Columna
Viernes 1 de septiembre de 2017
Por: Roberto López

Justa y necesaria

Justa. Así fue la derrota de Chile con Paraguay. Ni siquiera es discutible la diferencia de gol. Nos hicieron tres y pudieron ser cuatro. Perfectamente.

Necesaria. Porque en algún momento hay que bajarse de la nube. Fuimos justos bicampeones de América y merecedores de los elogios del mundo futbolístico. Ya fue.

Chile está en un proceso de recambio que no ha sido fácil. En buena medida porque los antecesores a Pizzi no hicieron la pega. Privilegiaron el resultado inmediato y se olvidaron de mirar a futuro. Ahora, buena parte de la generación dorada va de salida y cada vez se nota un poco más.

Sería mejor que esa suerte de "despedida" fuera en la élite del fútbol mundial y no quedándonos al margen de Rusia 2018. No ir sería un papelón. Más después de los puntos refrendados por el TAS.

Sería injusto centrar el análisis de la goleada contra Paraguay en un nombre propio. Que Aránguiz estuvo irreconocible, que Alexis tenía la cabeza en su fallido traspaso al Manchester City, que Vidal terminó de coronar su semana con un autogol y un largo etcétera. Todo es cierto. Todo. Pero el problema no es individual, es global.

Chile tuvo más la pelota y seguramente remató más al arco, pero su juego no fue fluido. No hubo asociación y sus individualidades mostraron lo peor de su repertorio.

Lo dijo Claudio Bravo. Hay que jugar como equipo y ahí Chile viene dando señales preocupantes. Hace rato. No ahora.

No pudo con Bolivia en casa, padeció con Venezuela –también como local- y ahora lo terminó de refrendar con una derrota contundente e inapelable frente a un Paraguay que recurrió a los mismos argumentos de siempre.

Equipo ordenado el guaraní. Bien plantado, con buena pelota detenida –así salió el primer gol- y una contra letal. No hay novedad. Es la forma que más nos cuesta penetrar desde tiempos pretéritos. Pero no de ahora. De siempre.

Nos pasó con Bielsa –perdimos 3-0 en el Nacional-, nos pasó en la época de Juvenal Olmos, en el repechaje de 1985, en la final de la Copa América 1979, etc. Paraguay siempre ha sido duro para nosotros.

Momento preocupante para Pizzi y los suyos porque ya casi no hay mañana. Quedan apenas tres partidos para terminar el camino a Rusia. Dos fuera de casa y uno en Santiago.

Casi no nos queda margen de error, tampoco fútbol. Esto último es lo más preocupante.

Chile entrará a la cancha del Hernando Siles con la obligación de ganar para no arriesgar quedarse al margen de un mundial para el que el camino parecía trazado. No será nada sencillo. Nada.

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