Por: Juan Carlos Villalta

Carta abierta a Beccacece

Así como existen libros que dejan huellas profundas después de su lectura, y que se transforman en lo que se denomina libros de cabecera, también hay música y cine que marca de manera imborrable la vida de las personas.

A vía de ejemplo literario, Servidumbre Humana de Somerset Maugham, la Montaña Mágica de Thomas Mann y Demian de Herman Hesse. En cuanto a música popular se refiere, los magníficos tangos La Curda y El último Café, y el potente Resistiré, del Dúo Dinámico. Esta última muy de la mano con el mundo de Almodóvar.

Esta última canción la escuché reiteradamente tras el nuevo fracaso de su equipo, Universidad de Chile, en contra de su clásico rival en la final de la Supercopa el Jueves en Concepción. 

Y es que en muchos aspectos me sentía identificado con su porfía, obstinación, persistencia, incluso en su tozudez, que pretendía llevar al extremo sus propias convicciones. Pero en rigor era el momento de resignarse y dejar de resistir. Ya era hora de alzar la bandera blanca, como lo hizo, y así encontrar un poco de paz.

Ya no lo digo desde el punto de vista del análisis futbolístico, advirtiendo que yo seguía creyendo en el fallido proyecto. No obstante, haber reiterado frente a la UC, una vez más, una serie de errores que dejaban sumergido su anhelado proyecto, el que en rigor, y lamentablemente, salvo escasos momentos, no se logró visibilizar.

Ya se le habían cerrado todas las salidas, ya la moneda no salió cruz, ya el diablo le estaba pasando la factura, ya estaba acorralado por sus propios temores, y estaba contra la pared. Y por un simple ejercicio de humanidad hacia su persona, al verlo tan acorralado en las conferencias post partido, yo experimentaba una sensación de piedad y de compasión, aún en los momentos más difíciles que le tocó vivir.

Así como usted, yo también he sido víctima de mis propias convicciones, y los costos que hay que pagar a veces son gigantescos. Pero hay que asumirlos, y le reconozco que mucha veces en mi propia porfía, tozudez y obstinación he encontrado más satisfacciones que desencantos. En cierto sentido, se puede entender que quienes extreman el umbral de resistencia somos como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Y aunque los vientos de la vida soplen fuertes, nadamos contra la corriente sintiéndonos más cercanos al salmón que al camaleón que logra mimetizarse y adecuarse al entorno que lo rodea.

Y si bien sus sueños se rompieron en pedazos, la resistencia era ya inútil.

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