Por: Roberto López

Cansa

Da lata. Fastidia. Agota. Póngale el concepto que quiera, pero la idea es la misma. Explicar una y otra vez las eliminaciones de los equipos chilenos en competencias internacionales nos tiene chatos a todos.

Somos campeones para encontrar culpables. Soluciones, ninguna.

Que el sistema de clasificación es malo porque cualquiera puede clasificar. ¿Seguro? A esta pasada internacional accedieron los tres equipos grandes: Colo Colo, La U y la Católica. Todos para la casa.

Ninguno de ellos llegó regalado. El Cacique ganó la Copa Chile y qué decir la UC, bicampeón del fútbol chileno. Pamplinas.

Que les tocó difícil. Por supuesto que sí. Azules y albos fueron eliminados por equipos brasileños y los cruzados se toparon con un grupo terrible. Pero independiente de aquella necesaria consideración, el resultado no cambia. Eliminados.

Los únicos que tienen acción internacional asegurada en el segundo semestre son Iquique y Palestino. Everton y O'Higgins aún no cierran sus llaves de la Sudamericana.

Será el sistema de torneo el malo entonces. Es muy corto. Dicen. Colo Colo fue semifinalista de la libertadores en 1997 y finalista de la sudamericana en 2006. Católica fue cuarto finalista en 1997 y en 2012 de la Copa Libertadores, además de semifinalista de la sudamericana en 2005. La U fue campeón de la Sudamericana en 2011 y semifinalista de la Libertadores 2012. ¿Sabe cómo fueron esos torneos? Cortos.

Hay algo que sí es verdad y que ayuda. Sostener un plantel en el tiempo. Deportes Iquique, que jugará segunda ronda de la Sudamericana u octavos de final de la Libertadores, viene trabajando con el mismo técnico y casi el mismo grupo de jugadores hace rato. Se nota.

Hay una idea de juego aprendida y, más allá de ser un plantel corto, funciona. Nada garantiza, eso sí. El caso de Católica es muy similar al iquiqueño, de hecho, los cruzados sólo se deshicieron de Nicolás Castillo e incorporaron a Santiago Silva entre campeonatos.

¿Qué diablos nos falta entonces? Calidad. Ni más ni menos.

Calidad de torneo y de jugadores. Nuestras competiciones son súper entretenidas y parejas, pero mediocres. Falta categoría. Simple y sencillo, pero no tan fácil de solucionar.

Es verdad que los técnicos y los jugadores juegan su parte y se equivocan. Puede ser que Salas se suicidara sacando a Manzano o que Guede haya errado la conformación del equipo contra Botafogo o que La U fuera demasiado inocente para plantear el partido ante Corinthians. Todo eso es posible. Por supuesto.

El tema es que el margen de error se reduce si hay categoría, si hay calidad. Y eso, en el fútbol chileno, escasea de manera brutal.

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