Lo valioso de los puntos obtenidos en La Paz no debe ocultar el balbuceante desempeño futbolístico mostrado por el equipo de Borghi ante Bolivia. Una baja actuación en casi todas sus líneas fue suficiente, no obstante, para traerse un triunfo de oro, ante un rival que mostró muchas ganas y actitud, pero poco peso al momento de aprovechar sus oportunidades de gol, como viene siendo su línea en este proceso.
Tal como se aventuraba, el partido fue muy complicado, con una intensa presión boliviana que no dejó que Chile se asentara en la cancha. Muy dedicados a defender los ataques bolivianos, el medio campo rojo sucumbió ante el local, el que acumuló más de una docena de jugadas claras de gol. En buena parte del partido, Matías Fernández se vio muy trabajador, pero mucho menos inmiscuido en la generación de ataques, tendencia que se repite y preocupa. Eso, sumado a la lentitud y soledad en la que está moviéndose Suazo en la era Borghi, deja prácticamente todo librado a Alexis Sánchez, quien mostró su talento en varias ocasiones, pero que en otras tantas se vio en clara inferioridad numérica como para inquietar a la defensa rival.
En eso indudablemente Chile ha variado. La supuesta y pretendida mayor capacidad de tener la pelota, manejar los tiempos del partido, y llegar al gol de manera más pulcra, pierde con creces frente a la pérdida de velocidad, juego coordinado y eficiente por las bandas, y presión constante en todas las zonas de juego. En los anteriores partidos como visitante, ante Argentina y Uruguay, ya se había mostrado esa tendencia a un juego más reposado, que busca la llegada de un modo más coordinado y ortodoxo, aprovechando más el talento de las figuras del equipo, en reemplazo de la presión y velocidad que encumbraron a nuestra selección como el mejor equipo de la eliminatoria pasada. El mismo Borghi lo graficó al decir luego del partido que, en su opinión, “los partidos se pierden y se ganan en el mediocampo”, lo que obviamente se refleja en una mayor preocupación por lo que pasa en una zona que, postulamos, debiera ser de poca gente y rápido tránsito. De más está decir, por cierto, que ambas opciones son legítimas como elección de filosofía futbolística, aunque el éxito de equipos de Bielsa y Sampaoli, entre otros, han demostrado su eficacia a nivel de resultados.
Afortunadamente para Chile, y en forma lamentable para los que disfrutamos de la fiesta de las eliminatorias, el nivel de sus competidores no está por los cielos. Las propuestas futbolísticas de selecciones como Colombia, Ecuador, Venezuela, Perú y Paraguay (en este último caso, nos remitimos a las fechas anteriores) están lejos de basarse en ánimos ofensivos, y se fundamentan mayoritariamente en cerrarle los espacios al rival, y aprovechar la oportunidad para marcar en los contragolpes que buenamente se presenten.
Y vaya si le da buenos resultados a algunos. Venezuela consiguió un empate que ya no puede sorprender, habiendo llegado sólo dos veces al arco. Colombia hizo algo muy similar frente a Perú. Y Chile, si bien tuvo algo más de presencia en el arco rival, tuvo a Bravo como su principal figura, más allá de los errores groseros del árbitro, que privaron a los bolivianos de claras oportunidades de gol.
Hasta el mismo Uruguay parece descansar más en una gran generación de jugadores, enmarcados en una forma de jugar muy ordenada y definida (gran mérito de Tavárez) que en una propuesta de juego innovadora.
En ese contexto, el primer tiempo realizado por Argentina es sin dudas la mejor expresión de fútbol en lo que va corrido de las eliminatorias. El alza en el rendimiento de sus principales figuras, pero por sobre todo una mayor movilidad en todas las zonas, y más velocidad en la defensa, le devolvió de inmediato el favoritismo y superioridad perdidos por ya demasiado tiempo.
El partido frente a Venezuela podría ser para Chile la confirmación o desmentido de todo lo dicho. Frente a un rival en alza, pero notoriamente inferior, y en condiciones ambientales, si no ideales, en teoría menos complicadas que las vividas en La Paz, el equipo de Borghi mostrará si privilegia el pragmatismo de la obtención de puntos, o bien la perspectiva de ser un equipo que sale a imponer sus términos desde el primer minuto, sobre todo en ataque, aun a riesgo de ser superado en el marcador.
Hasta aquí, y sin perjuicio de todo lo dicho, sin dudas que hay cosas muy positivas. La posición en la tabla, por cierto. El buen partido de Bravo, que le hace recobrar una confianza cuestionada. La aparición de nuevas alternativas a las que ya existían: José Rojas, Marcelo Díaz, Eugenio Mena, Eduardo Vargas, entre otros. Lo que está en cuestionamiento es sólo la pérdida de presión, velocidad y vocación ofensiva. Cada quien sabe si se ha avanzado o retrocedido.
Como cosas positivas queda el resultado y el trabajo profesional del equipo médico -con gran apoyo dirigencial- por la preparación para mitigar los efectos de la altura. Esta vez, no se dejó nada al azar.




